22 de octubre de 2012

Acaba la película

Hace poco que he estado en el cine. Aunque nunca he sido muy cinéfilo, últimamente, a causa de alguna oferta (...), he encadenado varias películas. Pero no quiero hablarles del cine como arte, sino de algo que ocurre en él. Me llama tremendamente la atención lo que sucede cuando acaba la historia; me parece poder separar dos grupos de personas perfectamente definidos. Los que se levantan de sus asientos en cuanto la pantalla se pone negra, y el grupo de aquellos que descansa sobre la butaca hasta que los créditos han acabado y, con cara pensativa, parecen estar aún dentro del mundo de la historia que acaban de presenciar. Estoy seguro que sabrán de lo que les hablo.


A los primeros los imagino, ansiosos, nerviosos, de ese tipo de gente que no saborea y simplemente traga. Me gusta más la segunda opción, pensar y meditar sobre la película, sentir las emociones que aún discurren por el cuerpo de uno y, poco a poco, dejar que la historia llegue a lo más profundo, que deje posos.

Además de esa cuestión del todo romántica, prefiero hacer cola sentado y después, tranquilamente, abandonar la sala sin aglutinaciones.